De los auditorios… a la WOW Granada.
Mi historia no empezó en una cabina de DJ.
Yo venía de auditorios, de piano clásico, de silencio, de partituras y de una formación donde todo estaba escrito de antemano.
Y de repente me vi tocando en espacios donde el pulso decide si existes o no.
Antes de llegar a Ibiza, pasé por salas que me sacaron de cualquier zona de confort:
- B3 Sevilla, un punto clave que más tarde me conectaría con Ibiza.
- WOW Granada, pura energía impredecible.
- Galería Jerez, con Pascuali (hoy al frente de Puro Latino, con quien sigo trabajando).
- Bolos sueltos en Mae West y Pacha Barcelona, auténticas pruebas de fuego.
Ahí entendí algo que ya no se me olvidó nunca:
El escenario que te incomoda es el que te transforma.
Un mundo sonoro que rompió mis límites
Mi primer contacto real con la música electrónica llegó gracias a un amigo con un gusto musical extraordinario.
En su coche, durante veranos en Torre del Mar, escuché por primera vez sonidos que me descolocaron por completo:
Jeff Mills, DJ Hell, Marco Carola…
Yo pensaba:
“Qué ritmos tan interesantes… qué viaje sonoro…ˮ
En casa, sin embargo, el contexto era otro.
Mi padre era severo, estricto, profundamente clásico.
Delante de él, solo podía escucharse música clásica.
Quizá por eso, cuando descubrí la electrónica, la sentí como libertad sonora.
La llamada que me cambió la vida
Primavera de 2009.
Recibo una llamada de Amnesia Ibiza para formar parte de la fiesta People.
From Ibiza:
miércoles, viernes y domingo durante toda la temporada.
Tenía 25 años.
Y entonces llegó la frase que marcaría mi camino:
“Aquí no te puedes quedar sentada. Necesitas un keytar.ˮ
No sabía lo que era un keytar.
Nunca había tocado uno.
Pero dije sí.
Ese sí cambió mi trayectoria.
Keytar + MIDI: aprendizaje exprés.
Cuando me dijeron que necesitaba un keytar, me encontré con una realidad muy concreta:
el instrumento no era fácil de conseguir y no había demasiadas opciones en ese momento.
El modelo que se utilizaba entonces estaba ya descatalogado y aún no existían alternativas como las que llegarían años después. Sin demasiada experiencia comprando instrumentos de segunda mano online y con la presión del tiempo encima, tuve que moverme rápido y aprender sobre la marcha. No todo salió bien a la primera, pero finalmente conseguí hacerme con el instrumento y seguir adelante.
Ahí llegó la siguiente sorpresa.
Hasta ese momento, mi idea de un teclado era sencilla: lo enchufas, eliges un sonido y tocas.
De repente descubrí que aquello no generaba sonido por sí solo.
Pasé de pensar que un teclado “se enchufa y se tocaˮ a entender, de golpe, qué significaba realmente un controlador MIDI.
El sonido tenía que venir de otro sitio.
Ese sitio fue mi portátil.
Preparé los sonidos en GarageBand, monté todo para que pudiera funcionar en directo y resolví otro reto importante: la movilidad en el escenario. Necesitaba moverme, conectar con el público y no depender de estar fija en un punto, así que adapté el sistema inalámbrico para poder llevarlo conmigo con seguridad, incluso con vestuario escénico.
Problema a problema, solución a solución.
En apenas un par de semanas pasé de no haber visto un keytar en mi vida a salir con él al escenario de uno de los clubes más importantes del mundo.
No desde la épica.
Desde la calma, el foco y las ganas de hacerlo funcionar.
Aprendí resolviendo problemas, sin drama, con curiosidad y determinación.
Cuando el sonido desaparece… pero tú no
No ocurrió la primera noche, sino en una de las últimas actuaciones.
En pleno pase, el keytar dejó de sonar.
Delante de 3.000 personas.
Silencio… salvo la base del DJ.
En lugar de parar, enfadarme o señalar al técnico, tomé una decisión en segundos:
seguir tocando, comunicando y sosteniendo la escena con el cuerpo.
Ese día entendí algo fundamental:
- el directo es actitud
- el público quiere emoción, no perfección
- el artista sostiene la experiencia, no el instrumento
Hoy, esa vivencia está en el núcleo del método creC.
Repertorio: mashup antes de saber que lo era
Uno de los temas que mejor funcionaba era “The Man With The Red Faceˮ de Laurent Garnier, mezclado con riffs de “Cantaloupe Islandˮ, un estándar de jazz que había tocado durante la carrera.
Sin saberlo, ya estaba haciendo mashups.
Mi identidad empezaba a tomar forma: Piano + energía electrónica + libertad absoluta.
Compañeros que me enseñaron más allá de lo musical
En Amnesia no estaba sola.
Compartí escenario con músicos increíbles:
- Micah (violín)
- Rubén Morán (saxo), con quien ya había coincidido en Granada
Ellos no sólo tocaban:
leían la sala, sabían cuándo hablar y cuándo callar con sus instrumentos.
Ahí aprendí que:
- tocar de pie cambia tu liderazgo escénico
- menos notas, en el momento justo, valen más que un solo interminable
- el público es la verdadera partitura
El final de la primera etapa
Ese año no me renovaron.
Y sí, dolió.
Pero entendí algo clave:
si había llegado hasta allí sin información clara,
volvería sabiendo exactamente qué hacer.
Y así fue.
En 2013 regresé mucho más fuerte, consciente y preparada.
Sin Amnesia 2009, no existiría la Lorena de hoy.
Lo que tú puedes aprender de mi salto al vacío
- No hace falta tenerlo todo perfecto para empezar
Pero sí una preparación mínima que te permita disfrutar y sostener el
escenario. - La técnica sin cuerpo ni energía no conecta
Por eso trabajo musicalidad, movimiento y comunicación escénica juntos. - La pista te define.El público te muestra qué funciona; creC te ayuda a entender por qué.
- Los errores enseñan… pero muchos se pueden evitar. Cuando alguien ya ha recorrido ese camino y te acompaña.
- El público recuerda cómo se sintió contigo. Y eso se entrena: intención, repertorio e identidad sonora. Mi misión con el método creC es que llegues al escenario con cabeza, corazón y herramientas.

